Cuentos para crecer: El capullo de la mariposa

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Cuentos para crecer: El capullo de la mariposa o “el arte de no rescatar”

El camino del crecimiento personal y profesional resulta a veces arduo. Para llevarlo a cabo es necesario detenerse y mirar hacia nuestro interior, lo que puede ser casi siempre incómodo y muchas veces, doloroso.

Los llamados “cuentos zen”, mediante sencillas historias, proporcionan un gran aprendizaje para poner en práctica en los momentos importantes de la vida.

Este cuento sufí ilustra perfectamente una de las grandes debilidades del ser humano: el deseo de ayudar a toda costa, incluso cuando esa ayuda puede llegar a ser perniciosa.
Sus líneas nos harán reflexionar sobre la importancia de permitir que los propios obstáculos nos enseñen a abrirnos paso. Forman parte del aprendizaje, tan necesario para afrontar las dificultades de la vida.
Aunque este relato se conoce popularmente como «el cuento de la mariposa y el capullo», desde un punto de vista biológico la mariposa emerge de una crisálida. En este artículo utilizaremos ambos términos.

El cuento de la mariposa: lecciones de vida

Érase una vez un hombre que se encontró una crisálida. Quedó tan fascinado que se la llevó a casa para poder ver a la mariposa cuando saliera de ella.

Un día, al observar el capullo detenidamente, se dio cuenta de que en él había un pequeño agujero. Muy emocionado, arrimó una silla y se sentó a observar durante horas, cómo la mariposa luchaba para poder salir por aquel estrecho orificio

Durante largo rato, el hombre estuvo contemplando el duro forcejeo de la mariposa que trataba de pasar su cuerpo a través de aquella pequeña abertura. La mariposa luchaba y luchaba con todas sus fuerzas hasta que, de repente, se detuvo durante unos instantes. Parecía que se hubiese atascado o que hubiese desistido de su pugna por salir de aquella crisálida.

Al observar esto, el hombre, movido por la compasión y por sus buenas intenciones, decidió ayudar a la mariposa. Tomó unas tijeras pequeñas y con mucho cuidado, empezó a cortar el orificio de la crisálida para ir agrandándolo y poder facilitar así la salida de la exhausta mariposa.

A los pocos segundos, la mariposa logró salir con facilidad sin embargo, había algo extraño; su cuerpo estaba muy hinchado y sus alas estaban dobladas y encogidas.

El hombre continuó observando a la mariposa, esperando que, en cualquier momento, su cuerpo empezara a deshincharse y crecieran sus alas para abrirse y poder así echar a volar. Pero nada de esto ocurrió.

La bella mariposa, hinchada y con sus alas plegadas, solamente podía arrastrarse por la mesa, dibujando círculos. La mariposa nunca pudo llegar a volar.

Lo que este hombre en su afán por ayudar y proteger a la mariposa, no había comprendido, es que son precisamente las dificultades y el esfuerzo del animal para salir del capullo lo que necesitaba su cuerpo para poder volar.

En la lucha de las mariposas por salir a través del estrecho agujero de las crisálidas, la sabia naturaleza fuerza los fluidos del cuerpo de la nueva mariposa hacia las alas, tornándolas grandes y fuertes, para que puedan soportar su peso cuando vaya a levantar el vuelo.

La dificultad para salir del capullo es la llave hacia su pleno desarrollo y su libertad.

 

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La mirada desde el Coaching Transpersonal: ¿Por qué no debemos “cortar la crisálida”?

Este cuento es una metáfora muy ilustrativa de lo que significa ser un buen coach, un líder consciente o un buen educador.

En el ámbito del desarrollo personal esta situación se conoce como el “síndrome del salvador”, que ocurre cuando una persona siente la necesidad imperiosa de ayudar a otra, pase lo que pase, sin tener en cuenta las consecuencias negativas que sus actos puedan tener.

En nuestra vida diaria puede ocurrirnos en muchas situaciones, en casa o en el trabajo, cuando vemos a alguien cercano sufrir por hallarse en un dilema o en una situación crítica; y corremos a ayudarle, con esas pequeñas tijeras, a salir de la crisálida y ponerlos “a salvo”. Resolvemos el problema por ellos, sin darnos cuenta de que eso no les va ayudar la próxima vez, porque no les va a enseñar a superar el obstáculo por sí mismos.

Sin embargo, en coaching ocurre de forma muy diferente; el coach observa, escucha, y pregunta al coachee para que sea él quien halle las respuestas. Las preguntas incómodas, molestan al principio, pero, pronto, generan claridad:

  • El proceso: vivir el proceso completo proporciona un aprendizaje que ningún consejo ni ayuda puede dar. La metamorfosis de la mariposa, la transformación de la persona… Se tiene que realizar desde dentro para desarrollar el “músculo emocional” y poder sostener lo que viene a continuación.
  • La incomodidad: Las crisis, las dificultades, el camino estrecho. Todos los obstáculos del proceso están ayudando a la persona a redistribuir sus habilidades, su potencial y su fortaleza, para llevarlas a las áreas adecuadas para seguir avanzando en la vida.
  • Respetar los tiempos: Acompañar significa escuchar, sostener los silencios con presencia, generar confianza, formular preguntas poderosas y potentes para que la persona descubra en su interior la fortaleza necesaria para romper el capullo y lograr la transformación.

Preguntas para la reflexión:

Te invito a parar un momento. Deja a un lado las prisas del día a día y responde a estas preguntas con honestidad:

  • ¿Qué situación en tu vida te resulta hoy incómoda y difícil de afrontar?. Si en lugar de verla como un problema del que escapar la miras como una oportunidad para fortalecerte, ¿Qué es lo que cambia dentro de ti?
  • ¿A quién le estás “cortando la crisálida” con la intención de ayudarle? Piensa qué aprendizaje o capacidad puede estar dejando de desarrollar un familiar, tu compañero de trabajo o tu pareja, porque tú le estás allanando el camino.
  • Si dejaras de intentar tener todas las respuestas ahora mismo, y permitieras que siguieran el ritmo natural, ¿cuál crees que sería el siguiente paso que tendrías que afrontar? ¿Qué capacidad o fortaleza podría emerger?
  • ¿Qué pequeño paso puedes dar hoy para acompañar, en lugar de resolver, el proceso de crecimiento de alguien cercano o el tuyo propio?

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