Heridas de la infancia: Cómo tu pasado condiciona tus emociones hoy

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La mochila invisible que cargas a tu espalda sin darte cuenta

Una palabra inconveniente, una mirada extraña, tu mensaje se queda en «visto», no han tenido en cuenta tu opinión en esa conversación…
Sientes un nudo en el estómago que resulta claramente desproporcionado para lo que acaba de pasar. Sabes que no es tan grave, pero tu reacción ya es ingobernable.

¿Te suena?

Esa respuesta que no encaja en la situación real es un eco del pasado que vuelve a sonar en determinadas situaciones. No ves lo que ocurre, ves lo que ocurrió en el pasado, pero proyectado en el momento presente. Y desde este lugar, tomas decisiones, construyes relaciones y moldeas tu vida.

Así funcinan las heridas de la infancia; esas experiencias emocionales que vivimos entonces y que todavía influyen (y marcan) nuestro presente.

Comprenderlas es el primer paso para transformarlas.

¿Qué son exactamente las heridas de la infancia?

Las heridas emocionales de la infancia son huellas de impactos afectivos vividos en etapas tempranas que en aquel momento no pudimos o no supimos gestionar.
No tienen que ser únicamente grandes traumas o infancias terribles. Puede bastar con una figura paterna emocionalmente ausente, una mudanza en un momento difícil, la sensación de no ser suficiente, haber sentido repetidamente que tu opinión no era tenida en cuenta…

Entre las heridas más reconocidas en psicología humanista y en el mundo transpersonal encontramos:

  • Herida de rechazo: la sensación de no ser suficiente; de estorbar. Se puede manifestar como miedo a mostrarse por miedo a no ser aceptados o con tendencia a aislarse.
  • Herida de abandono: miedo profundo a que la otra persona desaparezca. Miedo a la soledad. Necesidad constante de validación externa.
  • Herida de humillación: vergüenza de ser visto, juzgado o ridiculizado. Tendencia a anteponer las necesidades de otros.
  • Herida de traición: desconfianza ante las promesas de otros por decepciones. Se puede manifestar como necesidad de controlar y dificultad para dejarse llevar.
  • Herida de injusticia: la persona tuvo que adaptarse a exigencias, críticas o falta de reconocimiento. Tendencia a controlar todo para evitar el dolor de lo que se percibe como injusto. Puede expresarse como perfeccionismo y autoexigencia.

El niño herido: la parte de ti que sigue buscando protección

Al activarse una herida emocional, quien toma el mando no es el adulto racional que eres hoy. Es la niña o el niño de cinco, siete o diez años que sintió miedo, soledad, inseguridad o un dolor al que no supo poner nombre. Y no sabe que han pasado veinte o treinta años.

La amenaza sigue siendo igual de real ahora que entonces. Y reacciona de la única manera que sabe: reaccionando para protegerse.

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¿Cómo nos condicionan el el día a día las heridas emocionales?

Una situación actual puede funcionar como un detonante emocional. Por ejemplo, una persona adulta puede recibir en el trabajo una crítica por parte de su superior y tener una reacción emocional desmedida. La situación que lo ha desencadenado está ocurriendo en el momento presente, pero la intensidad de la emoción puede estar conectada con experiencias pasadas en las que una crítica significaba sentirse rechazado.
Funciona en tres pasos:

1 . El detonante:

En el presente sucede algo (un silencio a destiempo, una mirada extraña, una frase fuera de tono) que tu sistema nervioso asocia con el dolor original. No es un proceso racional; es corporal y emocional. Tu cerebro no sabe distinguir entre «mi jefe me ha ignorado en la reunión» y «mi padre nunca me escuchaba». La señal es la misma para tu sistema límbico.

2 . El piloto automático:

En milésimas de segundo se activan los mecanismos de defensa que aprendiste en la infancia. Son las estrategias que un día te protegieron, pero que hoy te limitan:

  • Aislamiento: te cierras, te desconectas emocionalmente.
  • Ataque: respondes con agresividad, sarcasmo o reproche.
  • Sumisión: cedes, complaces, te haces invisible para evitar el conflicto.
  • Control: intentas anticipar y controlar todos los elementos de la situación para evitar sentir inseguridad.
    Estas respuestas no son necesariamente malas. Cumplieron una función en su momento, pero ahora, sigues haciéndolas de forma automática en contextos donde no son necesarias ni proporcionadas.

3 . La repetición del patrón emocional

Esta parte es la más difícil de aceptar: tendemos a repetir los patrones y a atraer y crear situaciones que confirman la herida.
La persona con herida de abandono elige parejas emocionalmente inaccesibles.
La herida de rechazo lleva a quien la sufre a sabotear sus propias oportunidades antes de que alguien pueda decirle que no… No es masoquismo; es el inconsciente buscando resolver algo que quedó pendiente… aunque lo haga de forma equivocada.

Es un bucle que se va a repetir hasta que se haga consciente.

Cuando una herida se activa, la intensidad emocional se dispara en segundos. Para abandonar la prisión de estas reacciones automáticas, necesitas herramientas que te ayuden a regular esa intensidad. Aprende cómo hacerlo en nuestra guía sobre cómo entender y gestionar las emociones.

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Romper el ciclo: de la reacción automática a la respuesta consciente

Las emociones cumplen una función muy importante: nos dan información sobre algo que nos sucede. Aprender a relacionarnos con ellas de forma diferente es lo que nos permitirá romper el ciclo.

Lo primero que tentemos que tener claro es la gran diferencia que existe entre dos palabras que a menudo utilizamos como sinónimos, pero no lo son.

Responder vs reaccionar:

  • Reaccionar es automático: es la respuesta instintiva que aparece cuando nuestra herida toma el control y el niño asustado actúa con las reglas de un mundo que ya no existe.
  • Responder es consciente: es la capacidad de observar lo que nos está pasando, entender de dónde viene y elegir cómo queremos actuar desde nuestro yo adulto.

Entre el estímulo y la respuesta está la observación. Aquí comienza el camino consciente para romper el círculo.

El primer paso: observar sin juicio

Dejar de poner el foco en el exterior (mi jefe, mi pareja, mi familia…) y ponerlo en tu interior con preguntas a veces difíciles e incómodas:

  • ¿Qué emoción estoy sintiendo concretamente? ¿Es rabia? ¿Es miedo? ¿Es vergüenza?
  • ¿En qué parte de mi cuerpo la estoy sintiendo? ¿Es un nudo en el pecho? ¿Es presión en la garganta? 
  • ¿Esta intensidad se corresponde con lo que está ocurriendo ahora?
  • ¿Esta sensación me resulta familiar?¿Cuándo fue la primera vez que recuerdo haberla sentido?
  • ¿Qué parte de mi está intentando protegerse?

Estas preguntas que te llevan a la observación, tan importante en el enfoque transpersonal, permiten que dejes de identificarte con la herida y empieces a presenciarla.

Ya no eres la emoción, sino quien la observa. Y esto, lo cambia todo.

Observación, comprensión, respuesta

No se trata de borrar el pasado, de olvidar las heridas o de actuar como si no hubieran ocurrido. Hay que darles el lugar que les corresponde. Ni más ni menos.
La escucha, validación o la seguridad que esa niña no recibió en el pasado, la persona adulta que es hoy sí tiene herramientas para dárselas.

Autoconocimiento:
El coaching transpersonal trabaja en ese puente entre lo que fue y lo que puede ser acompañando a la persona a explorar patrones, emociones y creencias profundas.

No se trata de que vivas en el pasado.
Se trata de que el pasado deje de vivir por ti en el presente.

romper el circulo de las heridas de la infancia

Tus heridas del pasado no tienen que definir tu futuro

Comprender nuestras heridas, nos ayuda a dejar de verlas como obstáculos, y a entender que en realidad suelen señalar el lugar donde hay una oportunidad de crecimiento.
Cambiar la relación que tenemos con lo que ocurrió es la clave, porque cuando dejamos de reaccionar desde las heridas y empezamos a responder desde la consciencia, recuperamos nuestro poder personal.

El primer paso no requiere un gran acto de valentía. Sólo una pausa, una pregunta y una respuesta honesta.

¿Qué hay debajo de lo que estoy sintiendo?

Esta pregunta, con las herramientas adecuadas tiene el poder de cambiar la forma en que te relacionas contigo, con los demás y con la vida.

¿Y si la clave para transformar tu presente estuviera en comprender tu pasado?

Si este camino de autoconocimiento resuena contigo y quieres profundizar en el enfoque del coaching transpersonal, nuestra Escuela de Coaching te acompaña con formaciones diseñadas para integrar aprendizaje, práctica y crecimiento personal.

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