El concepto ‘valores’ se utiliza habitualmente en contextos como la sociedad, la religión, la educación, las empresas, la política… pero no muchas personas se detienen a profundizar más allá sobre su significado, ni sobre el impacto que tienen sobre sus vidas.

Mucho se puede discutir acerca de si los valores son acuerdos sociales, creencias individuales, o aspectos esenciales e innatos del Ser, y la dificultad de encontrar respuestas racionales a aspectos que no lo son, hace que temas tan importantes para el Ser Humano, como es el de los valores, queden relegados a un segundo plano.

Desde una perspectiva práctica, podemos definirlos como convicciones profundas que determinan nuestra manera de pensar, juzgar, sentir y actuar. Desde la perspectiva del Coaching, un valor solo puede ser tal, si la persona está realmente convencida de ese valor desde lo más profundo de sí misma. De lo contrario, no será más que un razonamiento elaborado, que no le toca la emoción y, por tanto, no tiene mayor impacto ni relevancia en su vida. Los auténticos valores de alguien tienen tanto peso, que determinan en gran medida su manera de enfocar y vivir la vida.

 

La mejor guía para tomar decisiones

Cuando conectamos con nuestros verdaderos valores, sentimos una especie de armonía entre la razón y el corazón, produciéndose una fusión entre ambos  en la que no hay lugar para dudas ni razonamientos lógicos. En ese momento, todo se asienta sobre pilares sólidos, y la dirección a seguir se ve con total claridad. Por eso es tan importante crear mayor consciencia acerca de nuestros propios valores fundamentales.

Las personas están acostumbradas a defender valores socialmente estipulados, los que supuestamente ‘hay que tener’, pero eso les aleja de poder vivir una vida realmente alineada con su propia visión. Los valores, por ejemplo, nos ayudan a distinguir entre lo bueno y lo malo no en el sentido de conceptos universales de maldad y bondad, si no a lo que uno considere con su particular visión. También nos ayudan a definir lo que es innegociable para nosotros, priorizando y jerarquizando de forma mucho más clara situaciones de la vida, y diferenciando entre lo importante y lo trivial. Asimismo nos impulsan a tomar las decisiones que consideramos más adecuadas y que nos hacen sentir bien con nosotros mismos, ayudándonos también en este sentido a influir frente a deseos e impulsos de nuestra mente más primitiva.

Por tanto, cuanto más claros tiene alguien sus valores -algo que no suele ser lo habitual-, mayor claridad, seguridad y estabilidad percibe en su vida, y eso le ayuda de manera considerable a avanzar y a vivir en paz y en equilibrio consigo mismo y con su entorno.

 

La evolución de los valores

Una vez cubiertas las necesidades más elementales del Ser Humano, son precisamente nuestros valores los que delimitan el camino hacia nuestras metas superiores. Salirse de los límites marcados por nuestros valores, nos hace perder el rumbo. Muchas personas, sin embargo, viven en entornos familiares, laborales y/o de otro tipo, que atentan contra sus valores más profundos, los cuales ni siquiera tienen claramente identificados, lo que les sume en esa continua y desconcertante sensación de frustración, vacío e infelicidad.

Cada persona es única, y va construyendo su propia escala de valores en función de su propia experiencia vital. Cada persona le asigna un significado propio y particular a cada valor. La honestidad o la justicia, por ejemplo, no significan lo mismo para todo el mundo. También a medida que vamos creciendo, nuestras propias experiencias comienzan a modificar nuestra escala de valores, reforzando algunos y debilitando otros, jerarquizando progresivamente los valores en base a nuestras necesidades evolutivas. Los valores no se mantienen estáticos a lo largo de toda la vida de una persona. Incluso cuando hace un trabajo personal para arrojar consciencia y luz sobre sus auténticos valores, estos no se tallan en piedra: con el paso del tiempo y nuevas experiencias, podrá cambiar la jerarquía de su ‘top’ de valores, e incluso añadir alguno nuevo, en detrimento de uno que haya dejado de tener sentido para la persona.

Una decisión acorde a tus valores, cuando estás plenamente conectado con ellos, tiene tal peso, que todas las demás opciones se desvanecen. Pero para ello has de conocer cuáles son tus valores de verdad, ya que intentar sintonizar con la escala general marcada por la sociedad, no ayuda en absoluto a arrojar luz sobre las decisiones y caminos que se quieren tomar en la vida. Cuando tomas una decisión acorde a una escala de valores que no es la tuya propia, pronto vuelven las dudas y la sensación de vacío.

Y es que el auténtico poder de los valores solo puede surgir si están bien integrados en nuestra vida y vivimos honestamente acorde a ellos. Pero lo que ocurre habitualmente, es que decimos tener una escala de valores, cuando en realidad actuamos conforme a otra diferente, sobre todo en los momentos difíciles.

 

Coaching y valores

Cuanto más vivas acorde a los valores que deseas tener, y más los incorpores en tu día a día, mayor fuerza y solidez cobrarán en tu interior, aportándote paz, serenidad y mucha seguridad para vivir tu vida como realmente deseas.

En los procesos y talleres de Coaching Transpersonal, los valores son un pilar imprescindible sobre el que se trabaja, ya que fomentan saber lo que uno quiere y lo que no quiere; poder ser sincero, auténtico y coherente con uno mismo; elegir con claridad entre diferentes opciones y ser capaz de pasar a la acción; ser la persona que realmente se quiere ser y priorizar y tomar decisiones firmes. Y, si alguien consigue todo esto, no puede sino vivir una vida plena y consciente.

Artículo publicado en el número de diciembre de la revista Universo Holístico

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