Esto también pasará

Cuenta la leyenda, que hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: “Me estoy fabricando un precioso anillo, con uno de los mejores diamantes posibles. Quiero ocultar dentro de este anillo un escueto mensaje, de tres o cuatro palabras, que pueda ayudarme en momentos de desesperación, y que ayude a mis herederos, y los herederos de mis herederos, para siempre”.

Todos los grandes sabios de la corte buscaron y buscaron en sus libros, pero no pudieron dar con un mensaje de no más de tres o cuatro palabras, que pudiera ayudar al Rey en momentos de desesperación.

El Rey, frustrado, consultó con un anciano sirviente por el que sentía un gran respeto, puesto que había servido muchos años a su familia. El anciano le dijo: – “No soy un sabio, ni un erudito, pero conozco el mensaje que necesita. No creo que aún pueda comprenderlo en su totalidad, pero estoy seguro de cuál es ese mensaje. Un sabio lo compartió conmigo hace tiempo”.

El anciano escribió tres palabras en un papel, lo dobló y se lo entregó al Rey advirtiéndole: “No lo leas aún, mantenlo oculto bajo el diamante y ábrelo solo cuando te sientas desesperado y no encuentres salida a tu situación”.

 

Cuando todo va mal, pasará

Ese momento llegó cuando el país fue invadido y el Rey tuvo que huir a caballo, mientras era perseguido por sus enemigos. En la huida, se topó con el borde de un precipicio, que le impedía avanzar más. Desesperado y atemorizado, recordó el anillo. Lo abrió, sacó el papel y encontró las tres palabras del anciano: “Esto también pasará”. 

Al leer esas palabras, el Rey permaneció en total quietud, sintiendo que se cernía sobre él un gran sosiego, y que su corazón se inundaba de paz, serenidad y seguridad. Mientras, aquellos que le perseguían y que no podían escuchar ya su caballo, erraron el camino y pronto desapareció el sonido del trote enemigo.

Después de aquel episodio, el Rey consiguió reunir a su ejército y, en pocas semanas, reconquistó su reino.

 

Cuando todo va bien, también pasará

Tras la reconquista, hubo en palacio una gran celebración que se prolongó durante días. El Rey, orgulloso de su hazaña, mandó llamar al anciano sirviente para agradecerle aquel mensaje de sabiduría que le había entregado, y que le permitió no lanzarse a la desesperada por el precipio, ni descubrir su posición al enemigo.

El anciano, con una sonrisa, le dijo al monarca: “Vuelva a leer el mensaje. Ahora también debe leer ese mensaje”. Ante la cara de sorpresa del Rey, que no entendía qué sentido tenía leer ahora esas palabras, el anciano prosiguió: “Apreciado Rey, el mensaje no es solo para situaciones complicadas y desesperadas. También es para las placenteras. No es solo para cuando te sientes derrotado, también es para cuando te sientes victorioso”. 

El Rey entonces sacó el mensaje del anillo y leyó: “Esto también pasará”. Y entonces, solo entonces, comprendió en su totalidad el profundo mensaje de aquellas tres palabras. Sintió la misma paz y serenidad que al borde del precipicio y, en medio del bullicio de las celebraciones, su orgullo y su ego se desvanecieron. Y, sin orgullo ni apego, se apresuró a disfrutar de ese momento, entendiendo que también pasaría.

 

Todo en esta vida es impermanente. Lo malo pasa. Lo bueno, también. Si las cosas van mal, no desesperes, no durarán eternamente. Y si las cosas van bien, disfrútalas con todo tu ser, pero sin apegarte, pues tampoco durarán para siempre. En tus momentos malos, y en tus momentos buenos, recuerda: esto también pasará.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario