El nombre suena así como muy rimbombante. Poderosas. Uuuooo. Que podría uno imaginárselas como preguntas imposibles, estilo maestro Zen.

Pero es mucho más sencillo. Simplemente son poderosas porque tienen el poder de ser EFICACES. ¿Eficaces para qué? Para que cada cual encuentre las respuestas que se le andaban escondiendo en los recovecos que se han ido formando en su subconsciente, y que le impiden ver con claridad, estar, avanzar, vivir y disfrutar como quisiera.

Las herramientas en Coaching

En Coaching se utilizan multitud de herramientas de, podríamos llamarlo, «apoyo». Herramientas en papel, con figuras, cartas, mapas… Que son, sin lugar a dudas, fantásticos apoyos a la hora de trabajar determinados temas, facilitando una estructura y guía al cliente. Se pueden usar. O no.

Pero hay una herramienta que está siempre presente, de la cual ningún Coach puede prescindir, y con la que se trabaja sí o sí en cada sesión: la pregunta.

Esta herramienta, utilizada de forma certera, sabia e intuitiva, es la llave maestra de cualquier proceso de desarrollo personal y profesional.

Es la forma que tiene el Coach de levantar el espejo hacia aquellos lugares en los que el cliente no está mirando. De mostrarle esos recovecos y la forma de extraer de ellos toda la información y determinación que necesita para avanzar hacia donde quiere.

El arte de preguntar

Pero la pregunta poderosa no es una herramienta para utilizar exclusivamente en Coaching. Es una fórmula de comunicación que puede (y debería) aplicar toda persona en sus conversaciones, en todos los ámbitos.

Todos creemos que sabemos preguntar. Qué tontería, ¿no? Llevamos toda nuestra vida preguntando. Pero todo cambia cuando nos encontramos con esta nueva forma de preguntar, y nos damos cuenta de que lo que hacíamos hasta ahora era… otra cosa.

Ojo, no pretende ser este el típico artículo de las cosas que llevas haciendo mal toda la vida (qué cruz, esa moda). Solo lo hemos hecho, hasta ahora, como aprendimos, como es habitual, como lo hace todo el mundo. Y eso no es mal. Es lo mejor que sabíamos.

Pero para que a partir de hoy, puedas utilizar las preguntas, hacia ti mismo y hacia los demás, en cualquier entorno, como una herramienta poderosa (uuuooo), aquí tienes varias claves para aprender a reformular, y conseguir una comunicación mucho más eficaz y transformadora.

Las claves de las preguntas poderosas

Son preguntas abiertas

Es decir, preguntas que no se pueden responder con un sí o un no. Las preguntas cerradas permiten ‘escaparse’ con facilidad, dar respuestas automáticas, aprendidas y poco reflexivas. En cambio, una pregunta abierta, por definición, lleva a buscar una respuesta más meditada, reflexiva y profunda. Obligan a esforzarse por encontrar una respuesta.

  • Pista para identificarlas: las que empiezan con un verbo, son cerradas. Las abiertas empiezan con palabras como: qué, cómo, en qué medida, cuándo, cuál es el motivo, cuánto…
  • Ejemplo: ¿Has tenido esa sensación más veces? (cerrada) 👉¿Qué otras situaciones recuerdas en las que hayas tenido esa sensación? (abierta).

 

Nunca empiezan con «por qué»

¿El motivo? Que ante un por qué solemos percibir crítica, y levantamos los mecanismos de defensa. Se nos despierta la necesidad de justificarnos, y nos alejamos de una búsqueda sana y neutral de los motivos.

Para evitar esto, sustituimos el por qué por otras fórmulas como: ¿Qué motivos hay? ¿Qué hace que…? ¿A qué crees que se debe que…? ¿Qué te ha impedido…?

  • Ejemplo: ¿Por qué no has hecho lo que hablamos?  👉 ¿Qué te ha impedido hacer lo que hablamos?

 

Son preguntas cortas

Aquí también aplica lo de que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Las preguntas cortas son mucho más fáciles de comprender, más abiertas, más directas -sin rodeos ni adornos- y mucho más impactantes. Si nos perdemos en la pregunta, la persona se perderá en la respuesta.

Las preguntas largas, además, suelen dar cosas por sentado y ser directivas. Tienen la intención oculta e inconsciente de llevar hacia una reflexión o respuesta determinada, alineada con lo que opina quien está preguntando.

  • Ejemplo: ¿Qué te está pasando en el trabajo o en casa para que te sientas como dices, tan de mal humor, y que te hace reaccionar de esa forma que en el fondo te hace sentir mal, pero que no puedes evitar, porque hay algo ahí que está creando ese mal humor? (larga) 👉 ¿Cuál dirías que es la causa de tu mal humor? (corta y directa, sin dar nada por sentado).

 

Nunca empiezan por NO

Cuando hacemos una pregunta que empieza por ¿No…? (¿No crees que…? ¿No sería mejor si…?), en realidad, estamos dando una opinión o un consejo, disfrazado de pregunta. De pregunta cerrada y dirigida, además.

  • Ejemplo: ¿No crees que la causa de tu tristeza es lo desmotivada que estás en el trabajo?
    1. 👉 ¿Qué está pasando en tu vida que te pone tan triste?
    2. Y si realmente algo nos hace sospechar que el trabajo tiene bastante influencia, exploramos con: 👉 ¿Cuánto está influyendo el trabajo en tu estado de ánimo?

¿Observas la abismal diferencia que habrá en la respuesta -y sobre todo en el proceso reflexivo previo- a unas y a otras preguntas?

¿Cuándo utilizar este tipo de preguntas?

La respuesta es clara y sencilla: con todo el mundo, contigo mismo, en todos los ámbitos, en todas partes. Donde quieras que vayas. Con quien quiera que hables.

Por si ha quedado alguna duda: SIEMPRE. 🙂

En pareja, con los hijos, en el trabajo (sobre todo si lideras equipos, pero también con compañeros y superiores), con los amigos… Las preguntas poderosas harán que tu comunicación en todos estos ámbitos sea mucho más eficaz, mejorarán las relaciones y te permitirán ayudar a otros a encontrar las respuestas que realmente necesitan.

Tip extra: la pregunta poderosa que desbloquea el «no lo sé»

Muchas veces, las personas no encuentran a la primera ciertas respuestas, por más poderosas que sean las preguntas. Los miedos y el saboteador interno, intentan por todos los medios evitar enfrentarse a ciertas sombras y ciertos cambios. Y lanzan la respuesta maestra: no lo sé.

Ante esta respuesta, la pregunta más poderosa que podemos lanzar es: ¿Y si lo supieras?

Una pregunta que, racionalmente, no tiene ni pies ni cabeza, pero que hace dar un salto de consciencia, e irse a otro sitio a seguir buscando la respuesta. Y, desde ahí, empiezan a dibujarse las piezas que llevarán a la imagen del puzzle completo.

La práctica hace al maestro. ¿Te animas a compartir ejemplos que se te ocurran de preguntas reconvertidas en poderosas? Y si hay alguna que no tienes claro cómo reformular, te ayudamos.

 

3 comentarios

    • ¡Genial, Ricardo! Y si te animas, comparte alguna que veas que te ha funcionado muy bien por aquí. A ver si podemos ir haciendo entre todos una batería de preguntas poderosas 😉

  1. Me parece muy interesante todo hasta ahora, Nos hace pensar sobre nuestro mundo interno, e ir viendo los ajustes que debemos hacer para mejorar nuestra vida consigo misma y con los demás, que entre otras cosa es parte de una salud emocional plena.

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