La relación con nuestras emociones suele traernos más de un quebradero de cabeza. Sobre todo cuando tenemos que vérnoslas con aquellas que etiquetamos como ‘negativas’, como pueden ser el miedo, la rabia o la tristeza.

Y es que el primer problema empieza ahí, cuando las etiquetamos. Y es que, realmente, ninguna emoción es buena o mala, positiva o negativa. Las emociones tan solo vienen a darnos un mensaje que, si sabemos escuchar sabiamente, podremos gestionar de una forma mucho más sana y que juegue a nuestro favor.

Todas las emociones tienen una causa profunda detrás, más allá de la causa ‘superficial’ que creemos que ha sido el origen, y que es realmente donde debemos llegar para gestionar adecuadamente la emoción. Como en un fuego, de nada sirve intentar actuar directamente sobre la llama para apagarlo, hay que llegar a la fuente de origen.

El primer paso necesario para gestionar cualquier emoción, en lugar de que esta lleve las riendas, es la aceptación. No podemos evitar que las emociones broten, ni debemos luchar contra el hecho de que lo hagan. La inteligencia emocional no consiste en aniquilar las emociones que no nos gustan, sino en aprender a gestionarlas de otra forma.

Muchas veces nos sentimos culpables por estar tristes o por sentir rabia. Sobre todo, cuando ya tenemos poco o mucho andado en el terreno del ‘crecimiento personal’, creemos que ya deberíamos ser capaces de no tener esas emociones. Error. Podemos aprender a gestionarlas, pero no podemos evitar que surjan.

¿Dónde nacen las emociones?

Entendamos primero dónde se originan.

El centro de control emocional está en uno de nuestros 3 cerebros: el sistema límbico (que forma nuestro «cerebro global» junto al reptiliano y al neocórtex).

Dentro de este sistema, se encuentra una pequeña estructura llamada amígdala cerebral, que en realidad son dos, y que tienen el tamaño de dos almendras. Pues bien, es en esta pequeñísima parte de nuestro cerebro donde se originan nuestras reacciones emocionales.

Este sistema es completamente autónomo, automático e insconsciente, y asume el control antes de que el neocórtex (cerebro encargado del pensamiento racional), pueda darse cuenta de lo que está pasando. Al recibir impulsos sensoriales, los conecta con recuerdos emocionales, y provoca reacciones y respuestas automáticas e inmediatas.

Seguro que sabes de qué hablamos. ¿Cuántas veces has sentido que tus emociones tomaban el control sobre ti?

¿Qué provoca una reacción emocional?

Pero vamos a ir un poco más allá, y a entender qué es exactamente lo que hace que tengas esas reacciones automáticas, donde sientes perder el poder de actuación y decisión consciente.

Para que la amígdala cerebral nos lance un reacción emocional, tiene que recibir un impulso que haga saltar sus alarmas. Concretamente, esto es lo que percibe para lanzar las emociones básicas de la rabia, la tristeza o el miedo:

  • Rabia: para lanzarte la emoción de la rabia, la amígdala tiene que percibir una INJUSTICIA. Sin percepción de injusticia, no hay rabia.
  • Tristeza: en el caso de esta emoción, la amígdala habrá percibido PÉRDIDA.
  • Miedo: cuando nos lanza la emoción del miedo, y activa todas nuestras defensas, es porque la amígdala ha percibido una AMENAZA. Esta, puede ser real -y, en este caso, probablemente nos salva la vida- o imaginaria, que es el 90% de los casos, y que crea esos miedos que limitan nuestro potencial.

Las emociones en Coaching

En Coaching, utilizamos métodos diferentes para dos procesos diferenciados: la reacción emocional que ha brotado (por ejemplo, gestionar un cabreo en el momento en el que se produce) y otro, modificar el patrón subconsciente que origina una emoción.

La primera es una labor de campo, aprendiendo a poder decidir y actuar desde nuestra voluntad propia, en el momento en el que se produce la reacción emocional. Para esto, la clave es la desidentificación con la emoción. Entender que no eres tu emoción. Y observarla, para poder «negociar» con ella, y tomar una decisión consciente sobre cómo quieres actuar.

Para esto, utilizamos el método M.I.D.E.®, que consta de 4 pasos y que te contaremos en detalle en un post independiente.

El cambio del patrón subconsciente, por su parte, es una labor profunda que requiere dedicación, tiempo y energía, y que se trabaja con un intenso viaje hacia las capas más profundas, donde se encuentra arraigado el patrón.

En nuestras formaciones dedicamos un módulo entero a la inteligencia emocional, a trabajar sobre esas causas profundas que disparan las diferentes emociones, a trabajar sobre la gestión in situ de las reacciones emocionales, sobre el cambio de patrones subconscientes… Ya que para conseguir construir una vida plena y en equilibrio, la gestión de tus emociones es IMPRESCINDIBLE.

¿Qué tal te llevas tú con tus emociones? ¿Sientes que las gestionas sanamente o, por el contrario, sientes que ellas toman el control? Cuéntanos tu caso, te leemos en los comentarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario