Antes de seguir leyendo, piensa durante unos instantes en esta pregunta:

¿Qué es el miedo para ti?

Existen múltiples y muy variadas definiciones del miedo, pero a efectos prácticos y desde la perspectiva del Coaching, podemos definir el miedo de la siguiente manera:

El miedo es nuestra capacidad innata para reaccionar ante AMENAZAS (reales o imaginarias) y así, poder alejar el peligro.

El miedo es la más básica y primitiva de nuestras emociones, y es un mensaje elemental que nuestro cerebro más primario envía a todo nuestro Ser, para defenderse o para huir. Y lo hace en milésimas de segundo. Es importante integrar bien esta afirmación: Sin amenaza, no hay miedo.

Existen muchos tipos de miedo (al fracaso, al qué dirán, a hablar en público, al abandono, a todo tipo de situaciones concretas, a la soledad, a objetos/seres vivos, etc.) y todos surgen porque nuestra amígdala cerebral percibe una AMENAZA.

Siempre que tengamos miedo, habrá una parte de nosotros que perciba peligro y se sienta amenazada. No importa si la amenaza es real o imaginaria, si le parece real a nuestro subconsciente, nuestro cerebro reaccionará enviándonos la emoción del miedo. No va a esperar a comprobar la veracidad del peligro… Ante el primer síntoma, activará el miedo.

Por eso, hay que descubrir de manera muy concreta, a qué tenemos miedo exactamente. Una vez concretada la amenaza, es mucho más fácil identificar si se trata de una amenaza real o imaginaria.

(Spoiler: el 90% de los que nos limitan, bloquean y nos alejan de nuestro potencial y de conseguir aquello que queremos, son miedos ante amenazas imaginarias…).

Lo que el miedo nos puede aportar en positivo

Como todas las emociones, el miedo también tiene sus aspectos positivos y negativos. Entre los primeros, podríamos poner ejemplos como:

Protección: nos pone en alerta y estimula nuestro potencial para protegernos.

Acción: nos impulsa a realizar hazañas que parecen imposibles.

Desafío: nos lleva a asumir desafíos impensables hasta ese momento.

Atención: centra toda nuestra atención y potencial en la amenaza.

Prudencia y destreza: acentúa al máximo nuestros sentidos.

Y lo que nos puede aportar en negativo

Bloqueo: un miedo mal gestionado nos puede paralizar por completo.

Confusión: el miedo convertido en pánico aturde y desborda nuestra mente.

Ansiedad y estrés: el miedo continuado y sostenido nos puede hacer enfermar.

Agresividad: el miedo mal gestionado nos hace irascibles y violentos.

Angustia: el miedo contenido puede provocar náuseas y sensación de opresión.

Desamparo: El miedo nos puede llevar a sentirnos perdidos y abandonados.

Las dos formas de desactivar la alarma del miedo

No hay que sentirse mal por sentir miedo. Es una reacción muy humana y es absolutamente necesaria. El miedo es de valiosísima utilidad para sobrevivir y para poder triunfar. Si nunca tuviéramos miedo, cometeríamos gravísimos errores que nos perjudicarían seriamente.

Pero sí es de suma utilidad saber tomar decisiones conscientes y voluntarias ante esta emoción. Las dos formas de desactivar el miedo son:

1) Evitar las situaciones de riesgo real, NO deseadas.

Si nos sentimos en peligro por una amenaza que conscientemente consideramos real, y NO deseamos correr ese riesgo, el miedo nos ayudará a evitar tal situación y salvarnos del peligro. ¡Lo importante es que tomemos una decisión consciente y voluntaria! Si no deseamos vivir esa situación, debemos aprovechar el miedo para huir de ella. Al hacerlo, el miedo habrá cumplido su misión y desaparecerá.

2) Vivir las situaciones de riesgo imaginario, SÍ deseadas.

Si por el contrario nos encontramos ante una situación que no tenemos ninguna evidencia de que sea una amenaza real, sino únicamente producto de algún patrón subconsciente que guardamos en nuestro interior, la mejor manera de disipar el miedo, será viviendo tal situación.

Al vivirla, nuestro subconsciente podrá comprobar, por propia experiencia, que no había tal amenaza, ni motivos para hacer saltar la alarma, y creará un nuevo recuerdo emocional antídoto. El miedo ya no será necesario, ya que su razón de ser habrá desaparecido.

En ambos casos, se trata de tomar una decisión consciente y voluntaria. ¡Huye o vívelo! Haciendo lo uno o lo otro, estarás reforzando el patrón subconsciente que deseas tener, y ese patrón te ayudará en el futuro.

Lo que sí has de tener claro es que el miedo, aunque lo identifiques racionalmente como imaginario, no desaparece sin más. No se trata de no tener miedo, sino de actuar por encima y a pesar de tenerlo. Y de demostrarle al subconsciente que no necesita enviarte esta emoción.

¿Qué miedo te está limitando para hacer o conseguir algo que realmente te gustaría? Explora la amenaza…

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