Muchas personas nos hacen esta pregunta, cuando observan que hay asuntos que pueden ser tratados indistintamente por Psicólogos o Coaches Profesionales. En este post vamos a explicar, por tanto, no las diferencias en cuanto a formación, metodologías o formas de trabajo, sino cuál es el campo de actuación de cada disciplina, y dónde se marca la línea entre una y otra.

Para explicarlo fácilmente, tomaremos como ejemplo la experiencia de uno de nuestros alumnos. Él, Psicólogo que trabaja con muchos pacientes a la semana, comentó que de las personas con las que trabaja, aproximadamente un 20% tiene alguna patología y que el resto de las personas que trata, lo que tienen son “problema humanos, de esos que tenemos todos en nuestra vida y nuestro día a día”. [Ese porcentaje puede variar en cada profesional, nos quedamos con el concepto, no la cifra].

Esta es la línea que separa la Psicología del Coaching: el Coaching no trabaja patologías. Ese campo queda así reservado únicamente a los profesionales de la Psicología (y/o Psiquiatría), y como tal, cualquier cliente que llegue a un Coach y presente cualquier tipo de patología o proceso traumático, el Coach, en un buen ejercicio de su profesión, deberá recomendarle acudir al profesional correspondiente.

Para evaluar si un cliente es ‘coacheable’, lo esencial es corroborar que está en posición de trabajar sobre los dos pilares que trabaja el Coaching: consciencia y responsabilidad. Hacerse consciente de cosas (lo que quiero de verdad, lo que me limita para conseguirlo, lo que me puede potenciar para conseguirlo…) y, todo aquello que he descubierto, llevarlo a acciones reales en mi vida que me van a llevar a conseguir el crecimiento/cambio deseado.

Cuando una persona está sumida en una profunda depresión clínica, por ejemplo, difícilmente va a poder tener la capacidad de hacerse consciente y de llevar esa consciencia a acciones en su vida. Por lo que, en este caso de ejemplo, esta persona debería trabajar con un profesional de la Psicología, y no con un Coach.

 

Dónde aplica el Coaching

Pero en esos otros casos donde no existe patología, es donde también puede trabajar un Coach. En esos problemas humanos. O conflictos. O bloqueos. O ninguno de estos. Porque también trabaja con ambiciones, aspiraciones e inquietudes, con deseos de crecer y de Ser, con objetivos que quieren materializarse. Aunque al final, todo se aúna en el proceso. Ambiciones y conflictos. Objetivos y bloqueos. Explorar y vencer los segundos para alcanzar los primeros.

El Coaching aporta una metodología que agiliza mucho los procesos de acompañamiento, y la combinación entre la secuencia de Coaching y la profundidad del enfoque transpersonal, permite trabajar en capas mucho más profundas y llegar a grandes descubrimientos y transformaciones, aportando a la par una forma práctica de llevarlo a la realidad personal de cada uno.

Cada vez más Psicólogos abrazan el Coaching como nuevas formas y herramientas de trabajar con sus clientes, ya que aporta metodologías y recursos que suman. Pero también cada vez más personas con vocación de acompañamiento, sin formación en Psicología, se forman profesionalmente en el arte del Coaching, para ayudar a otras personas en sus procesos de crecimiento y desbloqueo personal. Aunque sigue habiendo voces críticas que hablan de intrusismo laboral, respetando con honestidad y profesionalidad la línea que separa una cosa de la otra, y asegurándose de que hablamos de una formación profesional integral, seria y responsable en Coaching, este y la Psicología no deberían entenderse como competencia, sino como suma de opciones para las personas que desean trabajar en sí mismas.

 

Sumar para ayudar

El objetivo de toda terapia o proceso de acompañamiento es al final el mismo: ayudar a las personas. La Psicología ayuda, mucho. El Coaching ayuda, mucho. Por lo que tiene más sentido velar por el buen ejercicio de todas estas profesiones, que por declararse la guerra entre ellas. Hay que luchar contra el Coaching no profesionalizado, así como hay que luchar contra terapias psicológicas que se extienden años, creando una dependencia del cliente hacia el profesional y la terapia.

Hemos tenido clientes que han llegado al Coaching después de años de terapia, donde no habían conseguido plenamente lo que deseaban y que, en un proceso de 4-6 meses, alcanzaron sus objetivos más vitales. Esto también debería suponer un punto de reflexión y un motivo para abogar por la suma de métodos profesionales, para conseguir el que debería ser el objetivo final de todos: hacer lo máximo posible, para ayudar a la personas a conseguir lo máximo posible, en el plazo más razonable posible.

 

Nuestra formación profesional en Coaching dota del conocimiento, práctica y herramientas necesarias para realizar un excelente acompañamiento en los procesos de desbloqueo, crecimiento y transformación personal y profesional. 

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