Según la RAE, un don es una gracia especial o habilidad para hacer algo. Si vamos un poco más allá, podemos decir que los dones son las habilidades inherentes a una persona, mediante las cuales expresa su unicidad y genialidad. Son aquellas habilidades que nos definen y nos resaltan, las destrezas que brotan con naturalidad y espontaneidad de nuestro interior, casi sin esfuerzo, como si llevásemos dentro una fuente de inspiración que les da energía y las pone en funcionamiento.

Todos tenemos determinados dones, sin embargo, cuando le preguntas a alguien por ellos, es muy habitual encontrarse como respuesta “no lo sé… yo no tengo ningún don especial”. Probablemente, en su mente un don especial tiene que ver con cosas que dejarían a cualquiera con la boca abierta, casi incluso con cosas que podrían llevarse a un talent show.

Pero creer que no tenemos ningún don no es más que una creencia limitante instalada en el subconsciente, con el fin de mantenernos dentro de la famosa zona de confort. Si reconozco mis dones y deseo alinear mi vida con ellos, voy a tener que cambiar cosas. Y siempre está esa parte de nosotros, nuestro saboteador interno, que prefiere quedarse inmóvil, no arriesgarse a brillar. Aunque nos haga pagar los riesgos cubiertos con nuestra insatisfacción.

 

¿Qué dones podemos tener?

Al hablar de dones, frecuentemente lo limitamos a temas artísticos o profesionales, pero el concepto de dones es mucho más amplio. Los dones están tan arraigados en nuestro interior, que se manifiestan en todas las facetas de nuestra vida, siempre que les permitamos hacerlo. Si una persona tiene, por ejemplo, el don del orden, creará orden allá por donde vaya, en su hogar, en su trabajo, y en su vida en general. Y si una persona tiene el don de liderar a los demás, lo hará tanto en el trabajo, como en todas sus relaciones personales, siendo una persona de referencia dentro de su grupo de amigos, familia, compañeros, pareja… Solo hay que observar con detenimiento a una persona en las diferentes facetas de su vida, y podrás ver sus dones en funcionamiento.

Existen multitud de dones, y cada uno persigue un propósito diferente. Incluso el mismo don, es diferente en cada persona. Pero todos ellos, en funcionamiento, impactan positivamente en el “dueño” y en su entorno. Ejemplos de dones podrían ser: ayudar a los demás, construir cosas, cuidar a las personas, definir procesos y métodos, inspirar a los demás, organizar, negociar, diseñar, transmitir confianza, hacer reír, escribir… Y así hasta decenas y decenas de habilidades que, en cada entorno y faceta, tendrán un sentido y una forma de materializarse.

 

Dones y profesiones

Don y profesión son dos términos diferentes, que no deben confundirse. Nadie tiene el don de ser bombero o de ser médico. A menudo las personas creen no saber cuáles son sus dones, simplemente porque no saben cuál es su vocación ni su trabajo ideal. Hay muchas maneras de darle espacio a nuestros dones, y muchas profesiones diferentes en las que podemos desplegar su potencial. Tiene mucho sentido buscar una profesión en la que tus dones tengan espacio, no así tratar de estandarizar los dones que ‘debería’ tener una profesión. Por eso, se debe romper la lógica teórico-lineal de dones y profesiones, para salir de los paradigmas preestablecidos, y encontrar nuestra propia manera de tener éxito dentro de nuestra profesión, aplicando nuestros dones más allá de un determinado puesto.

Todos tenemos dones especialmente desarrollados para ciertas cosas. Todos somos buenísimos en unas cosas y no tan buenos en otras. Descubrir ambas es la clave. Pero muchas personas desconocen sus dones, incluso los niegan, o intentan medirse con dones que no son los suyos. Y, al final, se conforman con vivir una vida gris que no les corresponde. Si, por ejemplo, a alguien no le gusta nada su trabajo, tal vez una de las claves pase por definir su propio estilo personal y poner sus dones a trabajar para sí mismo. Eso le aportará nueva energía, creatividad, fuerza y entusiasmo. Y tal vez, al cambiar su propio paradigma, descubra algo sorprendente en ese trabajo que tan poco le gustaba.

 

Dones y éxito

Los dones nos sirven para tener éxito en nuestros propósitos, son los grandes motores que impulsan nuestro potencial. Nos dan fuerza y seguridad, el poder de crear, motivación, ganas de avanzar, sentido a lo que hacemos y, en definitiva, nos conectan con nuestro auténtico Yo.

Cuando conectamos con nuestros dones, y alineamos con ellos nuestras acciones y decisiones, nos sentimos verdaderamente buenos en lo que hacemos, nos sentimos creativos, ágiles, útiles, auténticos… Y todo esto nos lleva a sentir éxito, gratitud, satisfacción y dicha. Por ello, cuando tenemos presentes nuestros dones y los utilizamos con determinación en nuestra vida, nos sentimos realmente conectados a nuestra fuente de energía y poder interior. En cambio, cuando pretendemos simplemente encajar, o hacer las cosas como las hacen los demás, todo se vuelve más difícil, requiere mayor esfuerzo y suele conllevar resultados más mediocres y sensación de frustración.

Todas las dimensiones de autoestima, confianza, fuerza, empuje, decisión y coraje, se acentúan bajo la luz de los dones, ya que ahí nos sentimos poderosos y podemos vislumbrar nuestro propio éxito. Por eso, es de suma importancia ser conscientes de nuestros dones, así como cultivarlos y alimentarlos en todo lo que hagamos. Dejándolos en un cajón desatendido del subconsciente, probablemente solo vivamos una copia de la copia de la copia de la vida de alguien que sí utilizó sus dones para brillar. Y nos perderemos lo maravillosa que puede ser la nuestra.

 

Artículo publicado en el número de septiembre de la revista Espacio Humano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario