La relación con nuestras emociones suele traernos más de un quebradero de cabeza. Sobre todo cuando tenemos que vérnoslas con aquellas que etiquetamos como ‘negativas’, como pueden ser el miedo, la rabia o la tristeza.

Y es que el primer problema empieza ahí, cuando las etiquetamos. Y es que, realmente, ninguna emoción es buena o mala, positiva o negativa. Las emociones tan solo vienen a darnos un mensaje que, si sabemos escuchar sabiamente, podremos gestionar de una forma mucho más sana y que juegue a nuestro favor.

Todas las emociones tienen una causa profunda detrás, más allá de la causa ‘superficial’ que creemos que ha sido el origen, y que es realmente donde debemos llegar para gestionar adecuadamente la emoción. Como en un fuego, de nada sirve intentar actuar directamente sobre la llama para apagarlo, hay que llegar a la fuente de origen.

El primer paso necesario para gestionar cualquier emoción, en lugar de que esta lleve las riendas, es la aceptación. No podemos evitar que las emociones broten, ni debemos luchar contra el hecho de que lo hagan. La inteligencia emocional no consiste en aniquilar las emociones que no nos gustan, sino en aprender a gestionarlas de otra forma. Ser inteligente emocionalmente no significa aprender a no sentir.

Muchas veces nos sentimos culpables por estar tristes o por sentir rabia. Sobre todo, cuando ya tenemos poco o mucho andado en el terreno del ‘crecimiento personal’, creemos que ya deberíamos ser capaces de no tener esas emociones. Error. Podemos aprender a gestionarlas, pero no podemos evitar que surjan. Ni siquiera sería una meta a conquistar, si se pudiera. Como decimos, el problema no son las emociones en sí, si no la manera de gestionarlas. Todas tienen un fin, vienen a decirnos algo que debemos escuchar. Por eso, debemos aceptar conscientemente la emoción que sea como estación de paso necesaria para estar en disposición de gestionarla.

 

Las emociones en Coaching

En Coaching utilizamos métodos diferentes para dos procesos diferenciados: la reacción emocional que ha brotado (por ejemplo, gestionar un cabreo en el momento en el que se produce) y otro, modificar el patrón subconsciente que origina una emoción.. La primera es una labor de campo, aprendiendo a poder decidir y actuar desde nuestra voluntad propia, en el momento en el que se produce la reacción emocional. El cambio del patrón subconsciente, por su parte, es una labor profunda que requiere dedicación, tiempo y energía, y que se trabaja con un intenso viaje hacia las capas más profundas, donde se encuentra arraigado el patrón.

En nuestras formaciones de Experto en Coaching y Coach Profesional dedicamos un módulo entero a la inteligencia emocional, a trabajar sobre esas causas profundas que disparan las diferentes emociones, a trabajar sobre la gestión in situ de las reacciones emocionales, sobre el cambio de patrones subconscientes… Y es que para conseguir construir la vida que realmente quieres y alcanzar tus objetivos, gestionar tus emociones eficaz y sabiamente, es IMPRESCINDIBLE.

Para profundizar en la gestión emocional, dedicaremos el próximo post a la rabia, ahondando en la causa que la provoca y en la forma en la que podemos aprender a escucharla y a gestionarla de forma sabia y eficaz.

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